JOSÉ M. BASELGA 15/04/2011, diaridetarragona.com
De la decena de mujeres que usaban niqab, sólo queda una. La medida es para instalaciones municipales.
Cuando está a punto de quedar aprobada la ordenanza de convivencia del Ayuntamiento de El Vendrell y que prohibe acceder a instalaciones municipales con elementos o prendas que cubran total o parcialmente la cara dificultando su identificación, la medida, que tiene en el burka o niqab el objeto más simbólico, no ha generado problemas.
El Vendrell fue la primera localidad de la demarcación que redactó una ordenanza que prohibía ir con la cara cubierta en instalaciones municipales. Después se sumaron Tarragona, Cunit o Reus. La prohibición no es para la vía pública -a diferencia de en Francia- ya que los ayuntamientos no tienen competencias.
En la capital del Baix Penedès ahora finaliza la exposición pública del reglamento y no parece que la prohibición que afecta a una prenda tan simbólica para sectores musulmanes suponga una tensión. Es testimonial número de mujeres que lo utilizan. Si hace unos años se contabilizaban en una decena las que podían usar la prenda, ahora queda una. El desempleo ha provocado que seis familias dejen la localidad, y las otras han optado por cubrirse la cabeza con pañuelo. La única mujer que se niega a dejar el velo integral apenas sale a la calle.
Lejos de los discursos dramáticos, las mujeres que se cubrían la cara no han supuesto momentos de tensión. «Cuando entraban en las oficinas y les pedía que se descubriesen para poder ser identificadas, lo hacían», explican desde el Servei d’Atenció al Ciutadà (SAC). Zohra Neia, una de las mujeres de El Vendrell que usaban niqab ya explicó al Diari que «al entrar en según que sitios nos lo bajamos», aunque reconocía que «no me corta la libertad llevar niqab. Estoy orgullosa y me siento libre. Si una Ley me prohibe usar el niqab por la calle, entonces sí que atentan contra mi libertad.
Colectivos que atienden a inmigrantes apuntan a una secuela que la medida podría tener y contra la que debería actuarse. Si la mujer está sometida a las decisiones de su marido, quizá deba quedarse en casa sin salir si no puede llevar el velo. Pero Neia explica « que la mujer tenga que ir con algunas partes de su cuerpo cubiertas es un mandato de Dios, no del hombre. Obedecer a un hombre es una cosa, obedecer a Dios es otra».


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